Vuelve el terror narco y los militares a la Rocinha, la mayor favela de Río

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El gobierno envió 550 soldados. Es para controlar la violencia entre narcotraficantes. Crece el temor en la población.

El gobierno envió 550 soldados. Es para controlar la violencia entre narcotraficantes. Crece el temor en la población.




Las imágenes son más elocuentes que las palabras o las encuestas. En una de los accesos de la Rocinha, la mayor favela de Río de Janeiro, dos cuerpos están tendidos en el piso. Ensangrentado, uno de ellos sobresale por debajo de un lienzo blanco, que apenas lo cubre hasta la mitad. Por la estrecha calle pasan las madres que buscaron a sus hijos en un jardín de infantes cercano. Son muchas. Y llevan a los pequeños en brazos, con los ojos tapados. No quieren que vean esa macabra escena.

Esto ocurría al mediodía del lunes. Y hoy por la mañana, volvieron los soldados del Ejército para ayudar en la “pacificación” de la comunidad. Es la segunda vez en pocos días que las Fuerzas Armadas llegan con sus vehículos blindados, sus antiaéreas y sus drones para ayudar a la policía a “limpiar” el célebre morro de narcotraficantes. Pero en cuanto abandonen el lugar, pasados tres o cuatro días, retornará el clima de guerra. Los jefes de las drogas se esconden temporariamente en distintos lugares: a veces en el bosque tropical, abundante en esas serranías cariocas; pero también son “acogidos” en otras por sus compadres de otras comunidades, que los albergan solícitamente. Cuando las fuerzas policiales quedan solas, todo vuelve a la “normalidad”; la de los tiroteos y los muertos en las calles.

Una encuesta de Datafolha, realizada hace una semana entre los habitantes de la Rocinha, demostró que una inmensa mayoría está a favor de que se convoque a las Fuerzas Armadas para controlar el clima bélico (83% expresó su apoyo). Y sin embargo, también una mayoría (53%) juzga que la llegada de los militares no cambia en nada la crisis de seguridad. No menos llamativa es el relevamiento de quienes inspiran más temor en la comunidad. Desde luego, casi 5 de cada 10 habitantes se aterrorizan frente a los bandidos. Pero 46% de los moradores expresan que les asustan tanto los policías como los delincuentes. Los únicos que parecen despertar más confianza son los agentes del Batallón de Operaciones Especiales, que suele intervenir cuando la violencia ya no puede ser controlada por los policías comunes.

Los militares llegaron por primera vez a esa favela el 17 de septiembre por la mañana. Y estuvieron allí hasta el 29 del mes pasado. Desde entonces las disputas entre bandas contrarias volvieron a la carga. Y las ráfagas de disparos se tornaron cotidianas. Esto llegó al punto máximo con la muerte de los dos supuestos maleantes, cuyos cuerpos yacían en la calle. Ahora los soldados del Ejército, que son 550, estarán hasta el martes próximo. ¿Y después? Quién sabe...

Lo cierto es que la violencia ha llegado a tal punto que 7 de cada 10 cariocas quieren abandonar la ciudad. Así lo revela la encuesta de Datafolha. De acuerdo con esa investigación (que es la primera vez que se realiza) la urgencia por dejar la violenta “Ciudad Maravillosa” es mayor entre quienes tienen educación universitaria o terciaria. En este segmento poblacional, la intención de salir de allí obsesiona a 76% de los encuestados. En cambio, entre aquellos que tienen sólo educación primaria, el porcentaje de los que pretenden mudarse a otros “universos” más calmos es de 69%. La diferencia se explica fácilmente: unos tienen capacidades para encontrar empleos en otros lados. Los de nivel de escolaridad más bajo saben que no tendrán oportunidades