Coronavirus en Argentina: sin visitas, los rugbiers detenidos piden a sus familias alfajores y chocolates para pasar la cuarentena

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Después de unos días de tensión con otros presos en Melchor Romero, ahora pasan inadvertidos. La audiencia clave por el pedido de domiciliaria quedó suspendida y sin fecha.

Después de unos días de tensión con otros presos en Melchor Romero, ahora pasan inadvertidos. La audiencia clave por el pedido de domiciliaria quedó suspendida y sin fecha.






En un punto, la emergencia por coronavirus actuó como un sedante para un malestar que empezaba a preocupar a los rugbiers de Zárate detenidos en la alcaidía de Melchor Romero. Los muchachos acusados por la golpiza letal contra Fernando Báez Sosa (18) comenzaban a sentir el peso del hostigamiento y algunas molestias de los otros presos de la Unidad 29 de Melchor Romero, a donde fueron trasladados el 13 de marzo.

"Les gritaban cosas, los chiflaban, los amenazaban. Querían que sintieran el rigor del encierro carcelario. Estaban con miedo y eso se lo planteaban a las familias en cada llamado telefónico", según pudo averiguar Clarín de fuentes que tienen acceso al penal ubicado a 20 kilómetros del centro de la capital provincial.


Desde esos primeros vínculos tensos, se decidió que las viandas de comida se lleven a las celdas. No van hasta el comedor, y les entregan todos los días el mismo menú que al resto de los 269 alojados en la prisión.

Pero la cuarentena, las restricciones y la preocupación sanitaria hizo que los internos de la alcaidía se olvidaran de "los pibes de Zárate". Ahora ya nadie presta atención a los movimientos de los jóvenes que el 18 de enero pasado asesinaron a patadas y trompadas a Fernando en la puerta del boliche Le Brique, de Villa Gesell. Tampoco llevan problemas a los penitenciarios, más preocupados por algunas falencias en la provisión de elementos de prevención, como la falta de barbijos para algunos de los casi 200 agentes que se desempeñan –en varios turnos- en la Unidad de Romero.


Los ocho procesados por el homicidio que conmocionó el verano, están, como desde antes de la crisis del virus, solos en un pabellón que tiene capacidad para 25 personas. En celdas de a dos y sin contacto con otros internos. "No hablan con nadie. Ni con los guardias. Si necesitan algo se lo piden a las familias. El responsable del penal pasa a verlos, cada tanto, para supervisar", contaron desde dentro de la unidad.

A la mañana temprano tienen hasta dos horas para salir al patio. Allí repiten una rutina estrecha de ejercicios y aprovechan el mínimo esparcimiento que les permite el espacio de 250 metros cuadrados, que está disponible para ellos. Es el único momento que tienen algún contacto con un grupo de entre 5 y 10 procesados, que no siempre son los mismos. El régimen de alcaidía es de permanencia temporaria. Hasta que los jueces decidan el destino definitivo. En este caso y por la contingencia del virus, esa estadía será más prolongada.

El cambio de actitud de sus pares los tranquilizó. "En los primeros días, en las charlas telefónicas con la familia, era de lo único que hablaban: el miedo al maltrato de los compañeros de pabellón", reconocieron a Clarín fuentes con acceso al sistema penitenciario.

Dos teléfonos tienen disponibles los amigos de Zárate que fueron detenidos a las pocas horas del asesinato de Fernando, en plena temporada alta de veraneo. Se turnan para las charlas con los íntimos y para hacer los pedidos que incluyen alfajores, chocolates, tortas y postres dulces. “Hay un grupito que tiene especial predilección por los dulces. Eso piden a los padres”, contaron cerca de la penitenciaría. Una disposición del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la provincia habilita el ingreso de algunos productos que traen las personas autorizadas hasta la puerta del edificio penal. “Ninguno tiene contacto con los presos de adentro”, aclararon en el Servicio Penitenciario. Los padres y los que se encargan de esos mandados tienen un permiso de circulación para recorrer los 150 kilómetros entre el oeste de La Plata y la ciudad de Zárate.

Ahora, las preocupaciones -de los rugbiers y de todos- pasan por otro lado. Las firmas de Máximo Thomsen, Ciro Pertossi (19), Luciano Pertossi (18), Lucas Pertossi (18), Enzo Comelli (19), Matías Benicelli (20), Blas Cinalli (18) y Ayrton Viollaz (20), figuran en el acta que presentaron a las autoridades para "suspender" por prevención las visitas de familiares. Lo hizo el 90% de la población penitenciaria de la provincia, para levantar un muro al coronavirus. Estremece la idea de un contagio en ese ambiente de superpoblación, hacinamiento, falta de higiene e imposibilidad de aislamiento.


El comportamiento de los imputados por el crimen de Fernando continuó sin incidencias. "No se salen de las reglas ni un centímetro. Son respetuosos con las directivas y el personal", coinciden entre quienes recorren la Unidad 29 de Romero. A las 19, cuando llega la hora del recuento, ya cada uno debe estar en su calabozo. Leen y juegan a las cartas. Algunos escriben. “Tratan de no llamar la atención. Se animan entre ellos, cuando alguno presenta algún síntoma depresivo. Nada muy diferente a cualquier situación de encierro”, reconocen las fuentes consultadas.

La emergencia sanitaria que perforó al país también les complicó el frente judicial. Llegaron hasta Romero para estar cerca de La Plata, donde deben realizar las pericias psiquiátricas, pero aún no se movieron del complejo penal para las entrevistas con profesionales de la Asesoría Pericial.

Además, el 19 de marzo pasado estaban citados para una audiencia de apelación en la Cámara Penal de Dolores, pero se suspendió, como todos los actos procesales de la Justicia bonaerense por la cuarentena obligatoria.
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Se debatiría un pedido que los imputados consideran fundamental: reclaman seguir el proceso en prisión domiciliaria. El recurso había sido rechazado por el juez de Garantías. También el abogado defensor había pedido la recusación de la fiscal, Verónica Zamboni.

Quedó sepultado bajo la suspensión de los plazos procesales y las medidas dispuestas por la Suprema Corte bonaerense por el COVID-19. La Cámara aún no estableció una nueva fecha de audiencia. Todo quedó paralizado. Como el resto del país, los rugbiers deberán esperar la evolución de la emergencia por la peste que ingresó a la Argentina para evaluar la continuidad del proceso que los tiene como imputados por homicidio doblemente calificado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas de Fernando y por las lesiones que sufrieron sus amigos.